lunes, 16 de octubre de 2006

El público



Anoche vi en el teatro Alfil la obra "Mi misterio del interior", de la compañía Ron Lalá. Son cinco muchachos un poco chalados que hablan sobre lo divino y lo humano y lo acompañan con una serie de temas musicales, a cuál más irreverente y sorprendente. Es un texto ágil y muy fresco, pero no fue eso lo que me ha hecho dedicarles un hueco en este blog.

En un momento de la representación, los actores pasan a un segundo plano, se convierten en espectadores; y el público se transforma en el verdadero protagonista, en el principal personaje de un guión que no está escrito. Es un momento espeluznante de verdad porque cada espectador se siente seguro mientras no se modifique su actitud pasiva, pero de repente surge la tensión de un cambio: ¿y si el público fuera en realidad el protagonista del montaje?

Uno de los espectadores asediados por esta situación levanta las manos con las palmas hacia arriba, en señal de sumisión, dejándose hacer. En realidad, todos tememos que nos toque a nosotros, no queremos dejar de ser sujetos pasivos, nos encanta el papel de observadores y no agentes. Todos nosotros podemos tener nuestro minuto de gloria, convertir nuestro gusto por el teatro en algo más profundo, en una actuación a pequeña escala. Pero el miedo al ridículo, el terror que tenemos ante lo desconocido nos hace retreparnos en nuestros asientos y desear con todas nuestras fuerzas que no seamos nosotros el objetivo del próximo gag.

Seguro que entre todos los espectadores que ayer abarrotaban la sala había alguno deseoso de fama y gloria, un alma subversiva que se sintió decepcionado cuando comprobó que no era él el elegido. En cierto sentido, tengo envidia de ese tipo de personas. Porque yo también me acoracé en mi butaca y me quise hacer pequeñito para no ser protagonista, cuando en realidad lo interesante es cambiar y ser, por un día, el actor de una obra que entraste a ver como espectador.

Quizá algúna día me atreva.

P.D. Por cierto, muchas gracias a los incondicionales que dejan su granito de arena en este blog. Sin ellos tal vez ya hubiera tirado la toalla.

20 comentarios:

Bosco dijo...

No se trata de un momento de gloria. Se trata de mirar de frente a la vida, venga como venga.
Es algo curioso de nuestra cultura. Como cuando preguntan en clase.
En la cultura anglosajona, las personas participan en cualquier cosa con mucha más voluntad.
Supongo que tienen menos sentido del ridículo. O son menos dependientes de lo que los demás piensen de ellos.
De todas formas, viva los Oscar Wildes de esta vida que se atreven a mirar al frente a todo el que les observa por mucho que cuestionen su actitud o por rara que esta sea.
Enjoy!

Abad_de_Carfax dijo...

Yo era de los que se hacía pequeñito en el asiento (cosa bastante imposible teniendo en cuenta la enormidad de mi humanidad) hasta que caí en que, de hecho, incluso haciendo yo el ridículo más espantoso 1) eso sería un hecho subjetivo (yo creo que los monologuistas del Club de la Comedia son ridículos y, mira, hay gente que dice que es humor inteligente) y 2) lo importante es participar y a ver quién es un arrellanado en la butaca para decirme a mí si hago o no hago el ridi.

Por favor, que suene el A quien le importa de Alaska xD

Odysseus the Ithacan dijo...

Uiisss, pues es verdad, te lo digo desde el puente de mando de la Enterprise .... El sentido del ridiculo nos puede, pero mira que no son solo los anglosajones ... ¿tu has visto a cualquier italiano al que se le ha metido entre ceja y ceja comunicarse?. Se comunican aún CONTRA el idioma. Para ellos lo importante es el mensaje, no el medio .... Claro, al final son los que ligan :P

adictofangoria dijo...

Parece interesante la obra, me encanta el teatro Alfil, tal vez me escape el viernes y vaya a verla. Me pregunto si experimentaré esa misma sensación o los sentimientos son subjetivos según la persona que los este sientiendo, no me hagas caso, paranoias estúpidas. Un beso. Ah y no te regaño, sólo tengo ganas de leer algo tuyo nuevo y por cierto no vuelvas a hacer lo que has hecho, que me dejas con la intriga. Odio a la gente que tira la piedra y esconde la mano, jajajaja. Un beso.

Cristina Crisol dijo...

A ver a ver... no te hagas la víctima, llevas 15 días con tu blog y muchos menos post así que lo de tirar la toalla me parece muy mal...Una cosa es que nos apetezca ser espectadores de los espectáculos y otra que necesitemos imperiosamente que nos comenten. Tranquilo lo haremos...
Yo sé que no voy a crear nada nunca, no me preocupa, sé disfrutar de todo lo que me rodea, apreciar las artes como la primera y saber que con eso me basta. En fin, que me alegro que entrases en mi blog y de haber conocido el tuyo...
Besitos

pepeniebla dijo...

A mí me gusta participar en este tipo de obras. Me parece divertido, a pesar del sentido del ridículo.
Ya me gustaría ser tan "echao p'alante" en la vida real. Pero eso, a veces, es más difícil.
Sigue contándonos más cosas.
Un saludo.

...paseante... dijo...

...and you say... i only hear what i want to, i don´t listen hard i don´t pay attention to the distance that you´re running to anyone, anywhere...

..el nombre de tu blog me recuerda a una canción de la peli reality bites que se me quedó dentro desde chiquitita...

hay cosas por aquí que me han gustado, suerte con tu pequeño!

...pasé de casualidad...

Laura dijo...

Es genial ser protagonista alguna vez... Yo suelo ser espectadora, observando, atenta (o eso quiero creer) lo que ocurre a mi alrededor. De todas formas, lo mejor es tomar las riendas de la vida de uno. Ser el "actor" (de acción, of course) de tu vida. El mundo nos queda muy grande a la mayoría. Incluso a algunos les queda muy grande su propia vida.
Bah! Me enrrrrrollo.

Genial el blog. No lo dejes.

cucumber dijo...

espero que no tires la toalla nunca, por que si todo el mundo tirara al toalla, no habrias ido al teatro, ni almodovar hubiera hecho tantas pelis, ni habria bodas gays, ni..ni..y ademas estaria todo lleno de toallas por el suelo y tampoco es plan.
un saludo.

SisterBoy dijo...

No volvere al teatro hasta que no se me garantice por escrito que los actores no van a abandonar el escenario ni interactuar con el público de ninguna manera

Sisterboy presidente, portavoz y tesorero de la AERCP (Asociación Española para el Retorno de la Cuarta Pared)

Mer dijo...

Sí ¿qué es eso de tirar la toalla? El blog tiene que ser primero para ti. Bastantes comentarios llevas para tan poco tiempo!

Zar Polosco dijo...

Hacer las cosas únicamente por el reconocimiento que puedas obtener por ellas, no sé. Hay que tener un poco más de autoestima.

SisterBoy, hazme un hueco en tu asociación.

andrés dijo...

el miedo al ridículo es mucho peor que el del portero ante el penalty y, sobre todo, mucho más inútil. Es duro, pero es algo que se puede aprender a evitar con disciplina y tesón. Firma un cobarde de vocación.

andrés dijo...

el miedo al ridículo es mucho peor que el del portero ante el penalty y, sobre todo, mucho más inútil. Es duro, pero es algo que se puede aprender a evitar con disciplina y tesón. Firma un cobarde de vocación.

Slim dijo...

si ya lo decia mi madre..el que tiene verguenza ni come ni almuerza...

3'14 dijo...

Empiezo a ver a algunos "conocidos" por estos lares :)) Ya mismo formamos un club. Propongo reunirnos en el carrefour como en la canción "Nuevos planes, idénticas estrategias" de Nacho Vegas. A este paso ya te veo saliendo en los telediarios ;)
Y por lo que respecta a tirar la toalla, piénsatelo, siempre puede venir otro detrás que la recoja y luego te arrepientas.

Centrándome en el post, hablas de un tipo de obra de teatro que a mí particularmente me gusta. Me da lo mismo si me hacen participe o no, la verdad es que si me sucediera la verguenza se apoderaría de mí, pero me da más rabia la gente que acude a este tipo de evento y se niega a participar, no se, la gente debería saber donde se mete.

Recientemente vi "Un matrimonio de Boston" en el Teatre Lliure de BCN, al finalizar la función empezó a sonar el cumpleaños feliz y entregaron un ramo de flores a una de las actrices, por lo visto era su cumpleaños (avispada observación la mía) El público se quedó mudo. Y a mí me entraron unas ganas atroces de ponerme de pie y cantarle a pleno pulmón el Happy birthday, pero el miedo al ridículo pudo más que yo y me quedé con las ganas. Me arrepiento de no haber sido más impulsiva. Y me jode que el público catalán sea tan comedido. Estoy segura de que en cualquier otra parte de España se lo hubieran cantado...

Cristina Crisol dijo...

No te quejarás querido Reality Bit...Besitos

duluoz dijo...

ya nadie me busca por la duermevela. ahora soy el hombre que nunca estuvo allí, pásarte cuando quieras.

coxis dijo...

muchas gracias por visitar mi blog

...tengo que ir más al teatro

La ratona dijo...

Reconozco que soy una de esas personas que siempre espera que la saquen a ella en este tipo de historias. Mi sentido del ridículo lo perdí hace años en algún autobús...