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jueves, 2 de diciembre de 2010

'Tu otra mitad', ahora en bolsillo, y muy pronto también en e-book

La última novela de Tomás Ortiz, la más arriesgada e impactante de todas las publicadas en Odisea Editorial, se edita en formato más manejable y económico; y para los que se han pasado al e-book, muy pronto también en digital


¿Existe tu media naranja? ¿Somos la mitad de una pieza partida en dos? De una forma u otra, todos anhelamos encontrar nuestra alma gemela para que nos acompañe en este tortuoso camino que nos espera hasta llegar al fin de nuestras vidas. ¿Quién dijo que amar sea fácil?

“Tu otra mitad es una historia de amor poco convencional que atrapa y cautiva hasta su desenlace”Shangay Express
Rafa y Jorge son dos seres completamente desiguales. Son el día y la noche, el yin y el yan, caracteres contrapuestos y personalidades enfrentadas. Sencillo y humilde, Jorge busca su lugar en el mundo y se encuentra con Rafa, un delicado y sofisticado estudiante. Tomás Ortiz nos narra la lucha de estos dos hombres que deben afrontarse a sí mismos para superar sus prejuicios y estereotipos.


Tu otra mitad, publicada por Odisea Editorial, es, tal vez, la novela más arriesgada de Tomás Ortiz (Madrid, 1978) en la que nos presenta una historia de amor inusual. Avalado como uno de los mejores escritores de su generación gracias a Te esperaré, novela ganadora del II Premio Odisea de Literatura, que actualmente lleva vendidos más de 5.000 ejemplares entre sus tres ediciones en rústica y su edición en formato de bolsillo. Tomás cierra con Tu otra mitad su peculiar visión del amor que precede con Seguiré aquí cuando despiertes (2003) y Los amigos de Sebastián (2006), que cuenta con una segunda edición tras agotarse la primera. A estos títulos debemos  añadir un pequeño y delicioso pecado llamado Contactos (Libido, 2001) que aún consigue sonrojar al autor.

sábado, 13 de febrero de 2010

Se buscan fans. Imprescindible, haber leído "Te esperaré"


Después de seis meses sin dar señales de vida, ahora aparezco, como el ave fénix, pero con pocas intenciones de mantenerme en la brecha porque, como dije, estoy en dique seco, y ahora encima sin un minuto para descansar, menos aún para dedicarlo a las arduas tareas de mantenimiento de un blog.

Pero mi amor complementario, el que dio tanto que hablar y el que seguirá dándome alegrías, ha tenido la genial idea de crear un grupo en FACEBOOK, del cual soy protagonista, por mucho que me pese. Porque me vendo mal y, sobre todo, soy muy discreto y reservado, lo que significa que a veces me cuesta horrores reconocer al menos un poco de la escasa fama que me precede.

La excusa es que este año se celebra el décimo aniversario de la publicación de Te esperaré, que supuso el primer reconocimiento editorial. En estos años, muchos han sido los lectores que se han acercado a mí, física o virtualmente, para decirme lo mucho que significó la novela en sus vidas. Algunos dicen, literalmente, que les cambió su manera de ver el mundo. Eso me enorgullece, pero también me da miedo.

Sobre todo al comprobar que, diez años después, sigue sucediendo con aquellos lectores que descubren ahora la atormentada historia de amor entre Antonio y Juanjo. Ayer me escribieron dos chicos comentándome que les había emocionado tanto la novela que en cuanto la terminaron tuvieron la extraña necesidad de buscarme en cualquier sitio (en este caso, por Facebook), para pedirme explicaciones urgentemente acerca del final abierto del libro. Inmediatamente pensé que ambos tenían poco más de 10 años cuando escribí la novela. Y me dio vértigo descubrir que las pasiones que desata Te esperaré se han mantenido intactas a pesar del paso del tiempo. Eso es lo mejor que puede pasarle a un escritor.

En fin, que sirva este resurgimiento para pedir a todos aquéllos que hayan leído alguna(s) o todas mis novelas que se apunten sin perder tiempo, porque a mi amor complementario le hace mucha ilusión y, por qué negarlo, a mí también.

Hazte fan de TOMÁS ORTIZ en Facebook

martes, 14 de julio de 2009

En dique seco

Es verano. No hay ganas de casi nada, excepto tirarse a la bartola con el aire acondicionado a tope y una cervecita fresquita en la mano. Ah, y engancharse a alguna serie que te obsesione, como por ejemplo Dexter, que es la que ahora estoy descubriendo.

Este inicio es para explicar el hecho de que esté vago y que no actualice el blog todo lo que me gustaría. Bueno, por eso y porque tampoco hay mucho nuevo que contar. Estoy en dique seco, en el sentido más estricto de la palabra. En las últimas semanas varias personas me han comentado que para cuándo la próxima novela; y me sorprendo porque no tengo ni la más remota idea.

Eso sí, me gustaría compartir con quien quiera y se deje un enlace a la página web de mi amigo David, de Narrativa Gay, que dedicó a mi obra un especial de una semana del que me siento muy orgulloso. Sobre todo porque es la retrospectiva sobre mis novelas más completa y exhaustiva que nadie se ha atrevido a hacer: disecciona cada uno de los libros y se atreve a hacerme preguntas sobre ellos que nadie antes había hecho, seguramente por desconocimiento o ignorancia. Es evidente que a David le gusto (literariamente hablando, me refiero), y eso me emociona porque él lee muchas novelas de temática gay y considero un honor que me destaque por encima de otros autores.

A todos les dirá lo mismo. O no. No lo sé. Pero a mí me ha hecho feliz, como siempre que algún lector me confiesa que ha leído mucha literatura gay y que se queda con mis novelas, sin duda. Para alguien que huye de las etiquetas, creo que es una de las mejores formas de alejarse de ellas.

Que lo disfrutéis.

martes, 9 de junio de 2009

Un año más, a la Feria del Libro


Este año se ha hecho esperar porque no firmaré hasta el último fin de semana de la Feria del Libro, que termina este domingo. La cita es el sábado 13 de junio de 12 a 14 horas, en la caseta 180 de Odisea Editorial. Quien se dé una vuelta por el Retiro para ver libros y más libros (y comprar, si se tercia) puede hacerme una visita para que le firme un ejemplar o simplemente para que nos veamos.

Más información: www.tomasortiz.es

lunes, 27 de abril de 2009

ESTRENAMOS www.tomasortiz.es

Estrenamos página web: www.tomasortiz.es. Y qué mejor manera de explicaros por qué nos hemos decidido a ello que copiar aquí la carta de BIENVENIDA que escribí para presentarla:


Hace ya nueve años que se publicó Te esperaré, premio Odisea en el año 2000. Yo tenía 22, y mentiría si dijera que ese hito personal no cambió mi vida, porque lo hizo. Desde entonces, muchos han sido los lectores que me han confesado que también a ellos aquella historia les transformó algo. Me halaga que digan que mis novelas hacen sentir las mismas emociones que yo experimenté cuando las escribí.

Desde entonces, he intentado cambiar las vidas de muchos personajes, y también las de los que han leído esas vidas. Contactos, Seguiré aquí cuando despiertes, Los amigos de Sebastián y Tu otra mitad también están protagonizadas por personajes que se buscan a sí mismos y que disfrutan con ese proceso de autoasunción.

Algunos dicen que soy un referente en la literatura gay. Yo no sé ni lo que es la literatura gay. Pero hay algo que les debo a mis lectores: un espacio en el que puedan descubrir las novedades, se sientan informados y participen. Esta web es una ventana abierta a mi mundo. Sólo tienes que descubrirla y dejarte guiar.



miércoles, 21 de enero de 2009

Y así que pasen cien años

Parece que fue ayer, y ya han pasado nueve años. Bueno, en realidad han pasado diez desde que los revolucionarios (y ahora acomodados) chicos de Odisea Editorial decidieron poner en marcha una iniciativa pionera en España: el primer galardón literario para novelas con temática gay. Para mí han pasado nueve porque la efemérides en mi caso tiene que ver con la segunda edición, al año siguiente, en la que mi vida cambió.


Ha pasado el tiempo, y aunque la madurez impregna los recuerdos con una cierta sensación de distancia, no puedo dejar de emocionarme al recordar aquella llamada de Óscar, mi editor. Yo iba de camino a la facultad, en el autobús de línea, y la noticia me dejó tan alucinado que estuve a punto de bajarme en la siguiente parada, más que nada para saltar y gritar a mi antojo. No lo hice, pero imagino que la sonrisa que me acompañó durante todo el día era suficiente razón como para explicar que algo bueno me había sucedido.

Lo que vino después, la ola de presentaciones, entrevistas, promoción... es algo que recuerdo de manera agridulce porque aunque fue tremendamente agradable, también me agobió. Era muy joven y no estaba preparado para la fama, y eso que era una fama muy leve, superficial casi. Pero fama al fin y al cabo. Ahora siento algo de melancolía, y me dan mucha envidia los ganadores de este año porque sé que tendrán emociones muy similares a las que tuve yo. Quien no lo ha sentido no sabe de qué estoy hablando.

Ha pasado el tiempo. Diez años. Todo ha cambiado. La reivindicación del premio ya casi no tiene sentido. Pero queda mucho trabajo por hacer. Me siento muy orgulloso de haber formado parte de esa primera oleada de autores que marcaron precedente y, sobre todo, animaron a otros a seguir el mismo camino. Me consta que muchos (entre ellos, amigos muy cercanos) pensaron que si yo había estado ahí por qué no podrían estar ellos, y eso les hizo leer, escribir, e incluso algunos publicar.

A veces uno no hace las cosas porque cree que no tendrán ningún fruto. Hay que dar las gracias a Odisea Editorial porque, entre todas las cosas (buenas y malas) que han hecho en estos diez años, la más importante es incitar a los autores gays a que escriban porque sirve para algo. De hecho, sirve para mucho.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Novelas gemelas

Yo ya no tenía esperanzas, pero el editor me llamó hace unas semanas con la noticia: "Se presenta la novela". Qué novela, pensé yo, así, sin signos de interrogación, porque no es una pregunta, es casi una exclamación pero sin serlo tampoco; es más bien una sorpresa que arranca sin mucha ilusión, la verdad, porque cuando las cosas no se hacen cuando se deben, dejan de ser ilusionantes. "Tu otra mitad", me respondió, y no sé si en ese momento creyó que me había vuelto loco o que quizás había cambiado de móvil y estaba hablando con un perfecto desconocido.

El caso es que me propuso una presentación conjunta. Malo, pensé, con la misma poca ilusión con la que empecé a pensar antes. "La idea es presentar en una primera parte la novela de Pablo Castro, Hollywood life; y en la segunda parte presentar la tuya. Y que ambos presentéis la novela del otro, al alimón o alanaranja, como queráis". Malo malo, volví a pensar.


Pero ahí no acababa la cosa. "Apunta el correo de Pablo Castro y hablas con ella". ¿Cómo que "con ella"? Esto ya no fue pensado con desilusión, sino con cierta rechufla: mi novela habla, en parte, de un chico que descubre que en realidad es una chica a la mitad de la trama, con los jaleos que conlleva eso, sobre todo con su novio, que ha tardado en aceptar su homosexualidad y, cuando lo hace, se epata al pensar que en realidad nunca fue gay, siempre estuvo enamorado de una chica, pero con el cuerpo equivocado. "Sí, es Nuria, que escribe bajo seudónimo". Malo malo malísimo, repensé, dispuesto a colgar el auricular en el transcurso de los siguientes dos segundos. Sin embargo, por esa educación que no sé de dónde aprendí, seguí al teléfono, y al final la cosa cuajó.

Cuajó de tal modo que al recibir Hollywood life en mi casa, lo empecé a leer. Y no me enganchó nada. Pero cuando llevaba leídas unas 15 o 20 páginas, sentí algo. Una vibración interior, una pulsión inesperada, como si me hubieran pinchado de repente con una aguja hipodérmica y me hubieran inyectado de golpe una buena dosis de adrenalina. Los personajes de la novela son primos hermanos, por no decir hermanos directamente, de los protagonistas de Tu otra mitad. Dicen, hacen, piensan lo que a veces dicen, hacen y piensan mis criaturas. Incluso algunas escenas me gustaron tanto que creí que las había escrito yo.

Pensé que últimamente paso demasiadas horas solo y que eso me está trastornando de manera preocupante. Así que llamé a Pablo Castro, metamorfoseado en una mujer, y le conté muy superficialmente lo que estaba sintiendo. Pero ella se desnudó totalmente y se mostró eufórica ante las similitudes de ambas novelas. Así que me desaté y yo también le dije que estaba alucinando. Hablamos, sobre todo, de las casualidades, del destino (de nuestros destinos, pero también del azar que es común a nuestros libros), y del buen ojo del editor para hacernos coincidir. Y también estuvimos de acuerdo en que no solemos leer novelas publicadas por Odisea, y que ambos seríamos desconocidos para el otro si no fuera por este agradable encuentro.

Lo demás, la presentación, el vernos en persona, la simpática presencia de Carla Antonelli en el acto, los amigos y familiares que no se perdieron el evento, pertenece al mundo social, y cualquiera que estuviera allí puede contarlo, sin duda mejor y más objetivamente que yo. Pero lo que nadie más puede contar es esa comunión casi mística que Nuria y yo sentimos al leer en libro ajeno lo que cada uno pretende narrar.

martes, 9 de diciembre de 2008

Presentación de "Tu otra mitad"

"Él se llama Jorge. Su alma gemela, Rafa, pero cuando esta historia comienza, está a punto de descubrir que en realidad quiere ser Judith".

Aprovechando el buen tiempo y que estamos a principios de mes (y la gente ya ha cobrado, pero se ha gastado la paga de Navidad en los regalos), este jueves se presenta mi novela Tu otra mitad. Para quien desconozca de qué va, les remito a un resumen más o menos preciso:

"Él se llama Jorge. Su otra mitad, Rafa. Jorge es un rudo mecánico de taller, un hombre sencillo y humilde, que busca su lugar en el mundo. Rafa es un estudiante de, veterinaria, un chaval extremadamente bello, engreído y sumiso que pisotea a todos en su camino. Son el día y la noche, caracteres contrapuestos y personalidades enfrentadas. Sin embargo, una serie de casualidades pondrá a uno en brazos del otro. Ambos descubrirán que, por debajo de sus pieles, tan dispares, se esconde un cúmulo de sentimientos que acabará por unir irrevocablemente sus destinos. Pero, ¿quién dice que amar sea fácil? ¿Quién puede estar seguro de los sentimientos del otro?"

Quien haya leído la frase que abre este post, que aparece en la página 19 del libro, sabrá cuáles son esas dificultades con las que deben luchar. Lo demás puedes descubrirlo en la novela.

Pero me gustaría que quien no se ha leído el libro y se sienta mínimamente interesado por la historia, dedique diez minutos de su tiempo a leer el primer capítulo. Puede hacerlo pinchando aquí, y quizás le invite a leer la novela completa; o quizás le convenza de que es una completa estupidez. En cualquier caso, le ayudará a decidirse.

La cita es este jueves, 11 de diciembre, en el Lola Bar, en la calle Reina, 25 (metro Gran Vía) a las 19.30 horas. Espero la presencia de Carla Antonelli, que ha aceptado amablemente compartir mesa conmigo durante el acto. Por cierto, en la primera parte de la presentación, charlaré con el autor (escribe bajo seudónimo) de Hollywood life, publicada también por Odisea Editorial.

Presentación de Tu otra mitad
Jueves 11 de diciembre, 19,30 horas.
Lola Bar, calle Reina, 25 (metro Gran Vía).

Lee el primer capítulo de la novela pinchando aquí.

Disponible ya en:



jueves, 13 de noviembre de 2008

Lo que me gusta que me regalen los oídos

Para una vez que hablan de mí en los medios, aunque sea bien...

Pero bueno, esto casi no cuenta, Luis es amigo y trabaja esporádicamente para mi editorial, así que es imparcial por partida doble...


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domingo, 19 de octubre de 2008

Con dos pelotas

Dice mi profesor de Diseño Web y Multimedia que Flash, ese programa magnífico con el que pueden construirse películas completas al estilo de South Park, no tiene secretos, y que cuando uno aprende a mover una pelota alrededor de otra y el resultado es más o menos atractivo, ya puede hacer cualquier cosa que se proponga, sólo necesita tiempo.

Bien, ahí está mi pelota. Ahora me hace falta tiempo...



Nota: Esto no es lo último que he aprendido, lo último es un barco al que disparas y se hunde, o también una jugada de billar de bolas chocando y eso... En fin, tonterías variadas que uno no sabe si utilizará nunca jamás...

jueves, 11 de septiembre de 2008

Estamos en construcción...

... en construcción de mí mismo, digo. Estoy haciendo un curso y no tengo tiempo ni de respirar. Para que se queden tranquilos los que preguntan que dónde me meto.

jueves, 7 de agosto de 2008

Elegir entre el remedio o la enfermedad

A veces, uno no sabe si es peor el remedio que la enfermedad.

Hace cosa de ocho o diez años leí la mejor novela (y última) de Truman Capote, A sangre fría. Me dejó alucinado. Dicen que inventó un nuevo género, la novela documental, pero a mí me parece que es literatura con mayúsculas, sin mayores etiquetas. Es lo mismo que hizo Homero en su época o Cervantes en la suya: contar algo de una manera tan original que todo el mundo se quede con la boca abierta.

Narra el truculento asesinato de una familia del medio oeste de Estados Unidos a manos de dos extraños individuos que poseen unos incomprensibles vínculos de amistad, y el posterior proceso judicial que culmina en la pena capital para los culpables. Se puede palpar la obsesión del autor por los detalles y el atractivo que despierta en él el suceso.

Pero en realidad no entendí nada.

Unos meses después, encontré la versión cinematográfica de la novela, una cinta dirigida por Richard Brooks. Se rodó dos años después de que se publicara el libro, con los asesinatos todavía en la retina de los ciudadanos, así que se puede imaginar el grado de interés que suscitó la película. El blanco y negro es sugerente, y saber que se filmó en los escenarios naturales de la tragedia da un valor añadido.

Además, me sirvió para ponerles caras y gestos a los personajes, y aunque mi imaginación no se correspondía punto por punto con lo que ideó el director, sí puedo decir que las interpretaciones de la película me enseñaron cosas que no había captado leyendo la novela.

Pero en realidad no entendí nada.

Ha sido esta semana, al ver la película Truman Capote, la genial cinta de 2005 de Benett Miller, cuando he entendido todo. No me refiero al hecho de que Capote sintiera algo más que un interés de periodista sanguinario hacia los asesinos. Su atracción hacia Perry, el más intelectual de los dos homicidas, es física, casi sexual. Eso lo intuí en la novela de Capote, y me quedó más claro cuando vi la película de 1967.

No me refiero a eso. Me refiero a que no entendí nada del drama personal que tuvo que vivir Truman Capote mientras escribía A sangre fría. Su mente, compleja como la maquinaria de un reloj, debió sufrir lo indecible. Porque debió luchar entre dos sentimientos: su orgullo personal, que le impulsaba a acabar la novela cuanto antes y, por tanto, a precipitar los acontecimientos que acabaron con el ahorcamiento de los asesinos; y, por otro lado, su amor incondicional hacia uno de los dos acusados.

Truman, debatiéndose.

Es eso lo que no entendí. Y creo que es la clave de su novela. Y creo que es la clave de muchas de las novelas en las que se han convertido nuestras vidas. En realidad, se trata de elegir entre dos posibilidades, sabiendo que ninguna de ellas será la buena. Se trata de seleccionar aquello que creemos que será lo menos malo.

Nuestra mente está tirada por dos caballos, los dos en direcciones opuestas, y nosotros tenemos un instante para decidir qué caballo soltamos y a cuál le dejamos que tire de nosotros.

Truman se enfrenta a sus dos caballos: su orgullo o su amor.

A veces, es peor el remedio que la enfermedad.

A veces, uno se enfrenta a su orgullo y a su amor con idénticas fuerzas, y descubre que quizás la única salida es dejar de luchar. O justo lo contrario. A veces, uno piensa si será mejor dejar que se muera nuestro amor para terminar de una vez la novela, o seguir alimentando el sentimiento aunque desconozcamos el final.

Quizás sigo sin entender nada.


lunes, 4 de agosto de 2008

Siento que te extraño

Hay veces que uno intenta buscar las palabras adecuadas para explicar lo que le pasa. Y encuentra algo: un libro, una película, una canción, que establece punto por punto aquello que le gustaría expresar. El sábado por la noche, a eso de las cuatro y media de la madrugada, estuve buscando esas palabras. Y buscando encontré una canción de Amaral, del disco Una pequeña parte del mundo.


boomp3.com

Siento que te extraño

A los quince supe toda la verdad,
que yo nací para volar.
A los dieciocho éramos extraños,
dos pibes locos de par en par.
Luego fue la fiebre de los veinte años,
romper con todo,
me balanceaba sobre los tejados.

Nunca fui la dulce niña de tus ojos,
ni la mejor barca del mar,
nunca de nadie, dueña de todo,
de lo imposible, de lo irreal.

La melancolía es un licor bien caro,
no te has dado cuenta ya te ha emborrachado.
Se van las últimas luces y acaba la función,
se van y tú estás ausente,
se van por siempre, pero a pesar de todo sigo aquí,
siento que te extraño...

domingo, 20 de julio de 2008

Entre narcisos, almas gemelas, papagayos y medias naranjas

Pongámonos en antecedentes.
Encontrábame yo el otro día buceando en la blogosfera y me encontré con una página donde se hablaba sobre los 400 euros de ZP. El autor era Thiago, y por esas coincidencias de la vida, mientras yo me empapaba de su visión sobre la jugada impositiva, él leía mis últimos posts, uno de los cuales versa sobre mi novela Tu otra mitad (lo siento, pero si no pongo el enlace a El Corte Inglés, reviento; no por espíritu comercial, sino por orgullo).
Al volver a mi blog, éste que viste y calza, me sorprendí al comprobar que Thiago me había dejado un comentario, así que me sentí en la obligación de devolverle el gesto, sobre todo teniendo en cuenta que había leído el suyo a la vez. En broma, le sugerí que hiciera promoción de mi libro (al más puro estilo del malogrado Umbral) en su reducto virtual. Y él, que es un muy bien mandao, se atrevió a hacerlo, sin haberla leído, algo que en un principio pensé reprocharle porque no me parece bien.
Sin embargo, al leer su post me di cuenta de que en esta ocasión era una virtud. Porque habló de cosas que quizás no hubiera hablado si se hubiera leído el libro. Vacío de prejuicios, se embarcó en una reflexión literario-social sobre "las otras mitades". Y me gustó tanto, que se me olvidó el reproche. En la entrada del 18 de julio, hablaba de la búsqueda del complementario, de esa extraña necesidad de verse realizado en otra persona, que terminará de construirnos como lo que en realidad somos.
Thiago da en el clavo: hay gente que busca "su alma gemela", y hay gente que busca "su media naranja". Creo que lo ideal es buscar a "tu otra mitad".


1. El amor narcisista. El alma gemela.

Narciso, en el mismito momento de enamorarse de su reflejo. La pintura es de Caravaggio, y no, no tuvo un buen día.

Hay quien está tan encantado de haberse conocido que busca en el otro a alguien afín a él, pero de tal manera que casi parecen gemelos. Visten igual, tienen el mismo peinado, utilizan el mismo perfume, escuchan la misma música, leen la misma novela, comen las mismas cosas... Con una tan sorprendente conexión, es imposible llevarse mal. Lo que sucede es que saber cómo reaccionará el otro en cualquier situación, tener exactamente los mismos gustos y experimentar las mismas sensaciones aburre hasta al más narcisista, por mucho que se quiera a sí mismo. Narciso se enamoró de su reflejo en el lago. Y ya no puede dejar de mirarse en el agua, lo que le hace caer al agua y morir. El alma gemela no se enamora de la otra persona (aunque así lo crea), sino del reflejo de sí mismo en los ojos del otro. También muere por ahogo.


2. El amante contrario. La media naranja.

No es una naranja, es un papagayo, pero todo tiene su explicación.


Pues es justo lo contrario. Buscando algo que sea diferente a nosotros, con el objetivo de aprender, experimentar y descubrir cosas nuevas, nos encontramos con un elemento que no tiene nada que ver con nosotros. Es divertido saltar de una novedad a otra, asombrarse al comprobar que alguien puede ser tan diferente, que hay tantas cosas que uno no hizo, que no hará... Con una tan sorprendente desconexión, es imposible llevarse bien. Uno no está preparado para soportar a un personaje que tiene hábitos contrarios a los nuestros. Uno se enamora de lo que le es ajeno porque es exótico. Pero se enamora de esa extravagancia, no de la persona. La media naranja es un papagayo en peligro de extinción: cuando lleva en casa dos meses, ya no sabes qué hacer con él porque nunca será parte de tu entorno, siempre pertenecerá a otro lugar.


3. El amor complementario. La otra mitad.

Ésta sí es una naranja, y se encuentra a su mitad montándoselo con el plátano de la nevera. Es para explicar que la naranja y el plátano son amores complementarios.

La unión de las dos versiones anteriores ofrece mi particular visión del amor. El amor complementario. Ése que surge de la comunión en ideas fundamentales y de la desunión total en ciertos detalles, algo que mantiene vivo el interés por descubrir al otro. Uno se enamora de las coincidencias que observa en el otro, pero al mismo tiempo se siente atraido por descubrir todas las cosas que no tienen en común. Es potenciar lo que nos une y disfrutar aprendiendo de lo que no tenemos en común. Es un amor hacia uno mismo, pero proyectado en el otro. Es descubrirse, siendo consciente de que sólo podrá ser posible con la ayuda de "tu otra mitad". Es utilizar al otro para construirte, y dejar que el otro te utilice para construirse. Para entendernos, tú eres una naranja, y tienes que encontrar al plátano que te complemente: el plátano también es una fruta, pero no es exactamente tu mismo tipo de fruta. En fin, que la comparación es ridícula, pero muy ilustrativa...

Conclusión
Después de más de cinco años de "amor complementario", estoy en condiciones de asegurar que es la única forma de ser feliz. Encontrar a tu alma gemela es muy agradable; vivir la novedad del amor contrario es trepidante. Pero la felicidad sólo se encuentra con el amor complementario. Desde mi humilde realidad, esto es así. Creo que desde la perspectiva de Thiago, también, y por eso le dije que tiene una forma de entender esto muy similar a la mía.

En Tu otra mitad, dos personas que aparentemente no tienen nada en común, descubren que tienen algo fundamental que les une: el deseo de encontrarse a sí mismos. Ésa es suficiente razón para calificar esta relación de amor complementario. Porque, como he dicho, ambos se utilizan para construirse, y dejan que el otro le utilice. ¿Qué hay de malo en utilizar y ser utilizado cuando el beneficio es mutuo?

domingo, 13 de julio de 2008

Cómo romper el cordón umbilical a dentelladas

Estoy en el paro. Desde el pasado lunes, día en que una solícita y no por ello agradable funcionaria del Inem estampó su sello de caucho en mi solicitud, este hombre que escribe engrosa el porcentaje de desempleados de la Comunidad de Madrid y, por extensión, de este nuestro país. No es una situación del todo incómoda porque me presenté voluntario para que me dieran el puyazo de gracia, pero a pesar de todo uno no está preparado para la inactividad repentina que me ha caído encima, como una losa de varias toneladas de peso.

Al margen de mis crisis paranoicas sobre mi actual situación, en mi visita a la oficina del Inem fui testigo de algo que se me ocurrió llamar Síndrome del Cordón Umbilical de Tipo Laboral Post Contractual. Fueron tres o cuatro horas de espera desesperante, así que me dio tiempo a pensar en ello, hasta el punto de creer que podría escribir una tesis doctoral sobre el tema, algo que deseché al llegar a casa y comprobar que mi bañador floreado se aburría en el tendedero.

El SCUPLPC (Síndrome del Cordón Umbilical de Tipo Laboral Post Contractual) se puede definir como la dependencia más o menos acusada del trabajador con respecto a la entidad que lo emplea una vez vencido el contrato que los unía. Para entendernos, que me di cuenta de que todos, o una gran parte de los que, como yo, esperaban su turno para presentar la solicitud de la prestación por desempleo, aún estaban ligados a sus ex-empresas por un invisible cordón umbilical. Y que esperar tres o cuatro horas para conseguir un papel sellado es un juego de niños si lo comparamos con el trabajo que representa romper ese cordón umbilical.

Para muestra, un botón. Un grupo de señoras habían acudido juntas a arreglar los papeles. Se increpaban unas a las otras, incluso se insultaban por cómo actuaron mientras trabajaban en la misma empresa de limpieza. Evidentemente, estas cuatro mujeres nunca fueron más que compañeras de labor. Pero ese cordón umbilical las forzó a ir el mismo día a la misma hora a la cola del paro.

Otro ejemplo: un joven de unos veinte años, habla por teléfono con su chica, le dice que está en la cola del paro, que ahora irá a casa de sus padres porque no tiene nada que hacer. Me sonrío porque lleva puesto el mono del taller mecánico en el que trabajó hasta hace unos días. Quizás no tiene otra ropa que ponerse, o es que no puede evitar la melancolía de echar a lavar el mono de trabajo, que necesita una dosis extra de detergente. Es obra del cordón umbilical.

Otro más: un hombre trajeado, que quizás va a hacer una entrevista después de pasar por el parque temático del desempleo, habla con una señora mayor que le precede en la cola. Dice que ha estado en Siemens cuatro años. Me fijo muy mucho en su traje, que es bueno y parece tremendamente fresquito: es de marca, seguro, y le habrá costado una fortuna, pero es que en Siemens debe ganarse cosa fina. Me fijo otro poco y descubro que la carpeta en la que lleva sus papeles se adorna con un gran logotipo de una marca. ¿Adivinan cuál? Siemens. Otra vez el cordón umbilical.

Yo me sentí superior a todos ellos. Al salir por la puerta de mi ex-oficina, decidí deshacerme de todas las cosas (al menos las materiales) que me recordaran a mi empresa. No es por rencor ni por odio hacia nadie, es más bien una actitud de supervivencia: pensé que sería más fácil empezar una nueva vida si mordía con fuerza el cordón umbilical que me ató a ella y conseguía romperlo en un tiempo récord. Y creía haberlo logrado.

Sin embargo, el tratamiento del SCUPLPC no es tan fácil como parece a simple vista. Volví a casa, con mis papeles sellados y una sonrisa de satisfacción, más por creerme superior a los demás desempleados de la cola que por haber sobrevivido a una mañana de infierno burocrático. Revisé la documentación y me pregunté cuántas pesetas serían los euros que me corresponden por la prestación. Soy malo calculando, así que abrí el cajón del escritorio, saqué una eurocalculadora de la época del cambio, y allí estaba, como una señal inequívoca de que soy un enfermo del SCUPLPC tan grave como todos los demás, si no más porque a mí se me puede añadir la estupidez de creerme a salvo.

Como una puñalada a mi orgullo, como un navajazo a mi autoestima, allí estaba, la eurocalculadora que regaló mi empresa a todos los trabajadores en una Navidad de hace varios años. Con el logotipo y su nombre reluciente en blanco, sin mácula, sin otro pecado que recordarme que las cuatro dentelladas que di a mi cordón umbilical no fueron suficientes.

Las uvas de la ira: excusa para dar las gracias
Siempre he dicho que mis lecturas me construyen. Pero no sé hasta qué punto mis lecturas me eligen a mí o yo las elijo a ellas. Hace cosa de un mes terminé de leer Las uvas de la ira, de John Steinbeck, una de esas novelas que tenía en mi lista, pero que nunca encontraba el momento de comenzarlas. La seleccioné hace tanto tiempo que ni siquiera recordaba el argumento, y empecé a leerla sin saber de qué iba.

Bueno, pues va de una familia a la que despojan de sus tierras y que deben vagar por el sur de los Estados Unidos para encontrar trabajo. Es la historia de una generación que se vio empobrecida por el asedio de los propietarios, algo que sucedió en la zona de Oklahoma y Texas en el periodo de entreguerras. El valor de los miembros de esta familia ante la situación que les acosa es tal que uno se da cuenta de que todos sus problemas son nimios en comparación.

Al final de la novela, y sin destripar nada del argumento, se llega a la conclusión de que uno puede carecer de todo, que el hombre está capacitado para vivir con carencias que en otros momentos parecen vitales, pero que siempre le quedará el prójimo. Que por encima de todo, la gente que te rodea es suficiente alimento para salir adelante. Es cierto que uno necesita comer, dormir, etcétera; pero si uno está solo, aguanta menos el hambre y el sueño que si se está acompañado. Y eso es algo tan hermoso que merece tenerse en cuenta.

Por eso, porque me lo enseñó Steinbeck y porque lo estoy viendo estos últimos días, muchas gracias a todos los que, con su compañía inestimable, me hacen olvidar todas las carencias que tengo. Muchas gracias a todos los que, con sus palabras, con sus caricias, con sus abrazos y dedicación, me hacen olvidar que tengo hambre y sueño.

miércoles, 11 de junio de 2008

"Tu otra mitad", mi nueva novela

Hoy escribo desde mi faceta de autor, yo, Tomás Ortiz.

Ya está a la venta mi nueva novela, titulada Tu otra mitad, publicada por Odisea Editorial. Para los que no lo sepan, ésta es la quinta incursión en el mundo editorial, aunque tengo otras obras escritas inéditas, y que creo que así permanecerán. No suelo utilizar este medio para mi autopromoción, pero los últimos acontecimientos en mi vida laboral me obligan a buscar alternativas.

Eso sí, no os la venderé de ninguna manera porque no valgo para ello. Me limito a colgar aquí la reseña que ha publicado la revista Odisea, por si os interesa echarle un vistazo.

Y ya está. Otro hijo más que se separa de mí y que comienza a vivir su vida en la imaginación de los muchos (espero) lectores de Tu otra mitad.


martes, 3 de abril de 2007

Al menos es una sonrisa

Miras a tu alrededor y sólo ves cosas que te recuerdan lo frágil que eres. Sólo él se convierte en mi protector, en mi coraza, en el colchón que necesito para no romperme como un plato contra el suelo. Él es muy fuerte y muy sabio, y conoce todos los mecanismos para que nada traspase estas paredes y me haga daño.

Pero ahora el colchón se ha desinflado, y el plato se ha roto. Él se ha convertido en otra cosa, el protector se ha olvidado de sus armas defensivas. El ángel de la guarda se ha dejado las alas en casa. Me siento desnudo, indefenso, solo ante los peligros de la vida. Miserable. Huérfano.

Doy un paso al frente. Es un paso desesperado, desgarrador, funesto. Es el paso que da el condenado a muerte cuando le invitan a que tome su lugar en el cadalso. Pero no sé si podré dar más pasos. No sé si habrá más pasos, si hay algo que me empuje a seguir caminando. Soy un plato roto que después de hacerse añicos ha avanzado un poquito y se ha parado.

Quizás sea por la inercia. Quizás sea que el colchón no se ha desinflado del todo, que aún tiene algo de aire dentro. Quizás sea que el protector guardaba alguna defensa improvisada en la manga. Quizás sea que al ángel de la guarda le están creciendo otras alitas sobre las heridas aún abiertas que han dejado las antiguas, ahora destruidas.

No lo sé. Sólo sé que estoy desnudo pero vestido; indefenso pero protegido; solo pero acompañado... Huérfano con padre y madre. Una pequeña luz de esperanza, un atisbo de confianza, una mota de posibilidad se ha posado en mi mano, temblorosa y desgastada. La acuno entre mis brazos, lloro por ella, descubro la importancia de las cosas pequeñas. Y después sonrío.

Con lágrimas en los ojos, con una amargura desmedida y un sentimiento de angustia que me oprime el pecho y me ahoga, pero sonrío. Con una debilidad rayana en el desfallecimiento, con un terror que es desequilibrante, pero sonrío.

Y soy consciente de que no hay ni una sombra de felicidad en esa sonrisa, pero al menos es una sonrisa.

viernes, 2 de febrero de 2007

Marketing

Llevo una camiseta de Springfield, unos vaqueros de Pepe Jeans, unas zapatillas Puma, unos calzoncillos Punto Blanco.

Llevo unas gafas Tommy Hilfiger y una mochila Reebok.

Escucho música en unos cascos Phillips, tengo un móvil Nokia, estoy bebiendo un Aquarius.

Anoche me lavé el pelo con H&S, me enjaboné con La Toja en nuestra bañera Roca, me coloqué unas gotas de Boss.

Vimos una película en nuestra tele Sony, cocinamos en nuestra placa Balay unos insípidos palitos de Frudesa.

No entiendo de marketing. Sólo sé que llevo tu marca en mi piel como una cicatriz indeleble. Sólo sé que todo lo demás pasará, resbalará por mi cuerpo y mi mente, todo será circunstancial... y quedará tu marca en mi piel para recordarme que soy lo que soy porque tú me marcaste.

martes, 19 de diciembre de 2006

El dolor

Esta noche, a eso de la una de la madrugada, se cumplirá una semana de mi lucha contra el dolor. Un dolor que está siendo a veces insoportable y otras veces más leve, pero que en cualquier caso no me permite hacer mi vida normal, ni siquiera actualizar este blog, que tantas alegrías me ha dado en los últimos meses.

Es increíble cómo el dolor, en este caso de un cólico renal, puede convertirse en protagonista de cada hora que pasa.

Esta entrada, tan poco informativa, tan poco divertida, tan poco extensa y, sobre todo, tan poco recomendable, está dedicada a todos aquellos que pasan por aquí de vez en cuando y se preguntan por mi paradero. Ahora mi hogar es el dolor.

lunes, 13 de noviembre de 2006

Salvación y condena

Hay escritores tan sinceros que reconocen que aún no saben si saben escribir. Y luego está Isabel Allende.

Isabel Allende dice (en su novela Paula, que terminé de leer este fin de semana) que cuando empezó a escribir artículos para una revista femenina en su Chile natal, desconocía el uso del lenguaje escrito, aunque tenía alguna noción básica, tal vez provocada por su genética. Todo apunta a que sufrió una evolución positiva, porque de su capacidad o incapacidad actual no se pregunta: quizás considera que es algo muy evidente.

Lo cierto es que empecé a leer Paula con el temor de que me afectara personalmente. Soy demasiado aprensivo e hipocondriaco como para pensar que la historia sobre una larga enfermedad que acaba en muerte no me va a sofocar. Precisamente por eso, ese libro, que compré hace unos diez años, ha vivido dos mudanzas, ha reposado en cuatro estanterías diferentes y sus páginas han empezado a amarillear. Cuando por fin me he atrevido a abrirlo, parecía más un libro de biblioteca que un volumen aún sin desvirgar.

Y sorprendentemente, ha provocado en mí una extraña sensación que no puedo definir como zozobra, sino más bien como paz. Sí, la inmensa carta que Isabel Allende escribe a su hija cuando ésta agoniza provoca una inmensa paz. Una sensación de que ya está: lo mejor es dejarse llevar. Lo mejor es dejar que se vayan aquellos a quienes amamos.

Porque los hombres tenemos un extraño apego a este mundo. Y eso hace que tengamos también una curiosa predisposición a impedir que los demás se vayan cuando deben (o quieren) irse. Sin darnos cuenta de que al fin y al cabo es un sentimiento egoísta: queremos que se quede porque lo necesitamos, no por su propio bien. De hecho, muchas veces (como en el caso de Paula), marcharse de este mundo es un gran alivio y, sin embargo, quien tiene en sus manos la decisión de dejar que se marche (en este caso, su madre) no está por la labor. En ese momento, no ve que la muerte sea una liberación; cree que será una condena. Cuando la verdadera condena es estar vivo.

Toda la culpa la tiene Jesús, que resucitó a Lázaro por intermediación de Marta, la hermana de éste. Lázaro había sufrido una larga enfermedad que lo llevó a la muerte. Marta estaba desconsolada y pidió que Jesús, amigo de la familia, acudiera para consolarlos. Él llego y, ni corto ni perezoso, resucitó a Lázaro. ¿Alguien preguntó a Lázaro si quería volver a la vida para, quizás en el futuro, volver a sufrir la misma enfermedad y morir nuevamente entre dolores insoportables? Es evidente que no podían preguntar a Lázaro, pero fue Marta, su hermana, la que decidió si salvaba a su hermano o no. Pero quizás lo que ella concibió como salvación era condena. Repito, quizás para Lázaro fue una condena estar obligado a pasar dos veces por el sufrimiento de la muerte.

Desde entonces, muchos de los que están ante la disyuntiva prefieren hacer como Marta: reclaman al salvador de turno que mantenga con vida a aquél que ya está más allá que acá. Y no se dan cuenta de que actúan movidos por el egoísmo. Porque, como Marta, lo que desean no es dar otra oportunidad a Lázaro; lo que quieren es no estar solos.